FENOMENOLOGÍA DEL IMBÉCIL

Inmersos en nuestro mundo se puede observar lo que sucede alrededor de una persona. Recuerda cómo se observa una hormiga, pon atención a esa hormiga, intenta marcarla como un punto clave de tu obse…

Origen: FENOMENOLOGÍA DEL IMBÉCIL

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FENOMENOLOGÍA DEL IMBÉCIL

Inmersos en nuestro mundo se puede observar lo que sucede alrededor de una persona. Recuerda cómo se observa una hormiga, pon atención a esa hormiga, intenta marcarla como un punto clave de tu observación, al menos como la principal; ahora tienes toda tu atención en ese ser, pero te das cuenta que es necesario visualizar todo el ambiente, y por ello, aun cuando tu objeto de visión es sólo una, las demás no pasan inadvertidas. Se vuelve necesario el tomar en cuenta a toda la población para poder comprender el comportamiento de una sola.

La misma situación sucede con el ser humano, en donde, para poder comprender lo que sucede con una sola entidad, es necesario tomar en cuenta a toda la población y así saber los porqués de las conductas individuales. Siendo objetivos, podemos darnos cuenta que, todo el comportamiento que se observa en la sociedad, aquel que identifica a un grupo específico de persona, no se presenta a partir de la individualidad, ni de una supuesta rebeldía hacia lo establecido llevada a cabo por una persona, sino que es el seguimiento de lo que la sociedad establece, o de lo que se alimenta, sea cualquiera el medio para recibirlo.

Esas entidades que se creen únicas en sus formas de ser, en realidad no pueden percibir que su unicidad únicamente se presenta en el sentido estricto de lo esencial, y no de los accidentes, que aun cuando cada quien lo percibe de manera diferente, no queda fuera de la generalidad.

Es por lo anterior, que el sentido de “imbécil” no es determinado por la individualidad del ser, sino por la generalidad actuante. Y es en donde existe la confusión de las personas, que creen, que por  hacer lo que ellos quieren catalogándose como “rebeldes”, no pueden llegar a percibir que su supuesta “rebeldía” es la copia de lo que otra ya ha hecho. Siendo el ser humano, actualmente, un ser basado en el sentido de la vista, aquel “imbécil” tachado de “rebelde” se crea a partir de observar lo que otro de la misma especie ha realizado, y que por “contagio” no puede quedarse en un nivel o jerarquía inferior a lo visto.

Es por ello que comúnmente, y realmente en un 98.99% de los casos, todo aquél “imbécil” justifica sus actos a partir de otro que ya lo es.

Aun cuando ya se ha comentado que la persona se ha vuelto más visual, no le es suficiente las señalizaciones visuales que él mismo creo para su bienestar, sino que hasta le es incómodo seguirlas. Y es ahí en donde la persona se vuelve un “imbécil”, definiéndose éste como aquél que no tiene consciencia de sus actos, al grado de ser una “patología social” acrecentada por contagio, al no querer menos “imbécil” que el otro.

Dicha enfermedad no respeta niveles sociales, lo podemos encontrar desde aquel ruletero de a peso, hasta la señora con supuesta educación y con poder adquisitivo. Y ese es el resultado de la observancia de un sólo ente dentro del grupo social, el cual su “imbecilidad” no es más que el resultado del contagio ocasionado por otro, que al tener mayor grado de “imbécil”, no puede ser visto como un ser con cualidades superiores.

Cooomeeenzamos…

Pues aquí comenzando esta nueva etapa de la tecnología, en donde lo que se busca es la dinámica de la escritura, desde un punto de vista crítico, muchas veces subjetivo, pero necesario.

Las formas sucedidas en nuestra realidad, como sociedad, provocan una desolación de las relaciones, las confianzas, la convivencia, la misma civilidad.

La decadencia de la persona se escuda atrás de la permisividad, la estupidez social, como enfermedad, se aumenta a partir del propio desinterés de los demás, que siendo contagiados, lo visualizan todo como bueno.

Un viaje por los sinsabores personales, y colectivos de algunos que a lo mejor desean que se extinguieran los causantes de problemas, calificados como tal, como problemas. Hablar sin miramientos ante el disgusto de la exposición de conductas, tan incoherentes como la mala interpretación de los llamados derechos humanos.

Establezcamos un contacto, el medio por el cual se escucharán las opiniones, sin la necesidad de tomarlas como serias, pero sin dejarlas a un lado, en la basura.